|
Nunca se enfaden los dos al mismo tiempo. Para lograrlo es necesario
ser prudente, y saber, con fortaleza, reprimir la ira que se levanta en
nuestro interior.
Nunca se griten el uno al otro a menos que la casa esté en llamas.
Hay que tener templanza y moderación de las pasiones.
Si uno de los dos tienen que vencer en una discusión, deja que el otro
sea el ganador. En el fondo de esta actitud hay amor del bueno, que
prefiere ceder para obtener la paz. La aparente «derrota» se convierte en
una gran victoria sobre sí mismo.
Si tienes que criticar, hazlo con amor. Lealtad: decir las cosas
serenamente, sencillamente, y sobre todo pensando en el otro, en su bien.
¡Es preciso ser fuerte, prudente y recto para actuar de esta manera!
Nunca se echen en cara los errores del pasado. Debe llegar tu amor
para con los defectos y las debilidades del otro. Amarle de verdad, incluso
con sus defectos.
Sé obstinado con cualquiera antes que con el otro.
Tenemos que
preocuparnos antes de los más cercanos a nosotros.
Nunca se vayan a dormir con un desacuerdo sin resolver. Claridad en
las relaciones. Humildad para reconocer la parte de culpa propia. Olvido de
los rencores y los enfados. Confianza en el otro.
Por lo menos una vez al día trata de decirle algo bondadoso o un cumplido
agradable al otro. Esto suena algo así como detalles pequeños en el
cariño, cordialidad y galantería.
Cuando hayas hecho algo equivocado, prepárate para admitirlo y pedir perdón.
Sinceridad y sencillez, porque no es mejor quien no se equivoca nunca.
Dos no pelean si uno no quiere, y el que está equivocado es el que más
habla. Lógicamente, el que está más sereno es el que mejor puede ceder.
Las cosas se ven mejor con cierta distancia. Sentido común, amor a la paz.
|