AFERRARSE A LA ESPERANZA

 

Aferrarse a la esperanza cuando tus oraciones no son atendidas

Todos nos sentimos desilusionados, y a veces profundamente entristecidos, con el resultado de acontecimientos sobre los que no tenemos control. Tanto si hemos orado por la salud de un ser querido, una oferta de trabajo, una relación que atraviesa dificultades, o una lucha personal, las cosas no siempre resultan como quisiéramos. Nos podemos sentir asustados, confusos, desilusionados, y enojados con Dios.

Encontrar el camino 

¿Cómo vamos a comprender la voluntad de Dios si nuestras oraciones no se escuchan? No hay una respuesta fácil, pero una comparación puede ayudar a desentrañar algo.

 El camino de una persona

De pequeña, mi vecina Sara odiaba la escuela. "Lo único que quería hacer era bailar. Rezaba para tener una opor­tunidad de presentarme  posiciones para el ballet", recuerda.

Un accidente de automóvil que la dejó incapacitada cambió todo eso. "Al principio odiaba a Dios. No podía entender por qué me había ocurrido esto", dice Sara. "Durante mucho tiempo, me estuve auto compadeciendo". Esto dio un giro cuando la visitó su antigua profesora de baile.

La maestra le trajo una pila de libros de física. Sara no podía entender por qué. Su maestra dijo: "Siempre te ha gustado el movimiento. El que estés en una silla de ruedas no quiere decir que tengas que renunciar a todo lo que te gusta".

Sara miró los libros y poco a poco se sintió fascinada con el estudio del movimiento. A su tiempo, se matriculó en clases y llegó a conseguir un doctorado en física. "No cambiaría mi carrera por nada", dice Sara. "Ahora, cuando circulo por el campus donde doy clase, me divierte pensar que así como yo me muevo de modo misterioso, también se mueve Dios".

Porque fuimos salvados en la esperanza.... Si esperamos por lo que no vemos, lo esperamos con paciencia.

                                        -Romanos 8:24-25

¿Alguna vez has regresado de un viaje en que has visto paisajes fabulosos y luego te han desilusionado las fotos? Quizá estuvieran desenfocadas, o fueran demasiado pequeñas para capturar la belleza que experimentaste. Quizá sa­caste la foto demasiado deprisa, o alguien la sacó mientras mirabas a otro lado.

Las oraciones desatendidas duelen mucho más que las fotos decepcionantes, pero las siguientes sugerencias te pueden ayudar a poner las cosas en perspectiva.

Enfoca bien

Antes de borrar a Dios de tu lista por no responder a tus oraciones, piensa en los momentos en que has conseguido lo que pedías, especialmente en relación a necesidades materiales. Si al final has sentido desilusión, pudiera ser un aviso para que eches una mirada más cuida­dosa a los deseos de tu corazón.

Debemos hacernos algunas crudas preguntas respecto a las peticiones de nuestras oraciones:

¿Qué motiva nuestra oración, el amor o el temor? ¿Oramos para que alguien o algo nos resuelva los problemas? ¿Hemos puesto nuestra confianza en las creaciones de este mundo en lugar de en el Creador del mundo?

De hecho, a menudo nuestra oración es desinteresada, y no tener respuesta es muy desolador. Sin embargo, si nos planteamos estas difíciles preguntas, podremos enfocar mejor nuestra vida espiritual y comprender el papel de la oración en nuestra vida de una manera distinta.

Amplía la imagen

En este momento quizá sientas el aban­dono de Dios, y este sentimiento es cierta­mente comprensible. Al mismo tiempo, te puede consolar saber que estás en buena compañía. Job se sintió abandonado; muchos de los profetas y los santos se sintieron abandonados; incluso Jesús se sintió abandonado en la cruz. Por razones que están fuera de nuestro alcance -y quizá tengan que ver con la confianza- los sentimientos de abandono parecen ser parte del recorrido espiritual.

Por eso es tan importante la Resurrección. Nos da la seguridad más profunda de que, aunque perdamos a seres queridos, aunque se rompan nuestros sueños, y aunque a veces nos sintamos solos, estamos destinados a des­cubrir que Dios ha estado con nosotros todo el tiempo, y que el poder de Dios es más grande que nuestra desilusión, sufrimiento, y muerte.

¿Puedes imaginar a un Dios que es más grande que la muerte? Si no, quizás tengas que ampliar tu imagen de Dios.

No apresures las cosas

¿Has tenido alguna vez la experiencia de rezar para que ocurra algo, sentir desilusión cuando no ocurrió, y luego descubrir que se te estaba preparando algo que te iba a traer aún más felicidad? ¿O sentiste que no tenías respuesta a tus oraciones y luego te diste cuenta de que la experiencia de esperar era justamente lo que necesitabas?

"El labrador aguarda la preciosa cosecha de la tierra, paciente con ella, hasta que recibe las primeras y las tardías lluvias," aconseja Santiago. "Así también deben ser ustedes pacientes" (5:7-8). Este es un desafío para una sociedad que ha olvidado las lecciones que nos dan los ritmos de la naturaleza. La obra del Espíritu, sin embargo, no se puede apresurar.

Trata de cultivar la paciencia cuando esperes respuesta a tus oraciones, y des­cubre lo que se aprende de esperar.

Mirar en otra dirección

No podemos controlar la mayor parte de lo que ocurre en la vida. Pero podemos hacer opciones sobre cómo interpretar los contratiempos y las tragedias. Job le argumentó a Dios sobre su sufrimiento injustificado, pero al final optó por una respuesta de aceptación y confianza que le permitió alcanzar una comprensión mucho más profunda de su humanidad.

"Aunque las quejas de Job no cambian nada, él descubre dos realidades que cam­bian su vida", dice Horace O. Duke. "Dios está con él pase lo que pase; y Job tiene el poder de escoger el significado que ve en lo que le ocurre."

La aceptación y la confianza no hacen desaparecer el dolor. Pueden ayudarnos a vivir con él y a tratarlo. Que la oración de Jesús "Hágase tu voluntad", sea también la nuestra.

Hacia la esperanza

La mayor parte de la vida- incluyendo las fotos- no sale como esperábamos. Por el amor fiel de Dios y la promesa de la Resurrección -sin embargo- hay algo que podemos esperar: que lo que parece ser silencio ahora resultará ser una palabra pronunciada en el lenguaje del amor que aún estamos por aprender.

 

  

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Last modified: 04/20/06